América Latina y el Caribe ha sido una de las regiones del mundo más afectadas por la pandemia de COVID-19 y, a casi tres años del inicio de esta, sus efectos todavía repercuten en las sociedades y economías de la región. La pandemia irrumpió en un escenario complejo y profundizó las desigualdades que han caracterizado históricamente a la región, donde hay altos niveles de informalidad y desprotección social.
La crisis social y económica provocada por la pandemia ha significado un retroceso histórico para la autonomía económica de las mujeres de América Latina y el Caribe. Este escenario desencadenó notorias caídas de la ocupación y la participación laboral, que incidieron en mayor medida en las mujeres, las personas jóvenes, y las que trabajan en el sector informal y perciben ingresos bajos (CEPAL, 2021a). En lo que atañe a las mujeres, la crisis conllevó una salida contundente del mercado laboral, que en 2020 representó un retroceso de 18 años en el nivel de participación de estas en la fuerza laboral (CEPAL, 2022c).
La crisis social prolongada ha reafirmado la necesidad de avanzar hacia una recuperación transformadora con igualdad y sostenibilidad, y ha impuesto nuevos desafíos en los países a la hora de garantizar el cumplimiento de los Objetivos 4 y 5 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (UNESCO, 2015; UNESCO/CEPAL/UNICEF, 2022) y de sostener los logros de las últimas décadas.